POR: Ulises Cobos Palestina

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Durante la carrera presidencial de México en 2018 escuchar o leer el término “populismo” se volvió algo habitual.

Era usado discrecionalmente por varios medios de comunicación a través de algunos analistas políticos y expertos, señalando al candidato Andrés Manuel López Obrador.

Esto debido a sus propuestas de campaña sintetizadas en el lema “por el bien de todos, primero los pobres”.

No es el único caso, hoy es muy común el uso de “populismo” en Latinoamérica para encasillar gobiernos.

Era usado discrecionalmente por varios medios de comunicación a través de algunos analistas políticos y expertos, señalando al candidato Andrés Manuel López Obrador.

El uso del término se está sobreexplotando o quizá se está implementando muy a la ligera, tergiversándolo. 

Pero, ¿qué es populismo?

Su definición es versátil, aunque generalmente tiene acepciones como la lucha entre el “pueblo” y las “élites”; un régimen político pasional de líderes carismáticos y relativamente fuertes con alta popularidad y propicios a llevar políticas irresponsables. 

Esta visión general del término nos dice que se usa peyorativamente.

Ser llamado populista es, desde luego, algo negativo.

Tampoco es novedoso ni endémico de Latinoamérica, lleva décadas reproduciéndose en el mundo.

Actores como Donald Trump y Jair Bolsonaro son considerados populistas.

Retórica antipopulista

¿Qué hace populistas a los actores antes mencionados?

En este caso se está hablando de figuras carismáticas y con una aparente base social sólida. 

Trump y Bolsonaro abrazaron discursos antiprogresistas y de odio, al igual que figuras populistas del siglo pasado, que se propagaron con aceptación entre importantes sectores de la población que escucharon exactamente lo que querían escuchar.

No obstante, una vez en el poder, su fortaleza y popularidad cayó a la misma velocidad con la que subió.

Existe una enorme diferencia entre lo que pugnaban estos personajes y lo que muchas veces, de forma errónea tal vez, se acusa de populismo.

No es que las características del populismo estén escritas con tinta, pero muchas veces se confunde con lo que no nos gusta en términos políticos.

En 2016, Enrique Peña Nieto, ex presidente de México, advirtió sobre el riesgo que suponen actores políticos con discursos “populistas”. Barack Obama, que estaba presente, respondió que hay que tener cuidado al utilizar esa etiqueta, pues se aplica erróneamente a quien lucha por causas justas, y sentenció diciendo que él mismo –Obama– podría ser un populista. 

En 2016, Enrique Peña Nieto, ex presidente de México, advirtió sobre el riesgo que suponen actores políticos con discursos “populistas”. Barack Obama, que estaba presente, respondió que hay que tener cuidado al utilizar esa etiqueta, pues se aplica erróneamente a quien lucha por causas justas, y sentenció diciendo que él mismo –Obama– podría ser un populista. 

Entonces, ¿cuándo un gobierno es populista? Bueno, depende a quien se le pregunte. 

En Latinoamérica, encasillar gobiernos como populistas podría ser irresponsable si se ignoran las condiciones materiales, políticas y económicas antes de hacerlo. Más de un gobierno ha sido etiquetado así, y muchas veces ignorando la abismal desigualdad social como base de los sistemas económicos y de gobierno.

Algunos gobiernos de la región donde las grandes mayorías son pobres y existen minorías reducidas muy ricas, han optado por políticas sociales basadas en la justicia social, económica y política. 

La retórica antipopulista lo traduce en “bien” contra “mal” o “pueblo” contra “élites”.

Una conclusión apresurada, sin trasfondo, sobre todo si discernimos entre lo que es un reclamo de justicia social y económica de lo que no lo es. 

El populismo sí supone un peligro para la democracia, pero algunos analistas políticos y expertos catalogan así los discursos y acciones sobre una mayor y más activa participación ciudadana en los procesos democráticos.

Usan el término a conveniencia porque pone en jaque a un status quo o “establishment” arraigado por años. 

Para estos antipopulistas la democracia participativa y la inclusión de los más pobres es un peligro para la democracia; desacreditan las demandas formuladas en nombre del pueblo como si quisieran domesticadas a las masas populares.

Es el caso mexicano; permitir que la población participe en procesos de toma de decisión parece molestar mucho a los detractores del gobierno.

Su gran molestia es que se escuche la voz de las mayorías.

Una consulta popular ha levantado del estupor y letargo a varios analistas políticos y expertos que nunca tocaron ni por error a los anteriores gobiernos tecnócratas y elitistas.  

Una consulta popular ha levantado del estupor y letargo a varios analistas políticos y expertos que nunca tocaron ni por error a los anteriores gobiernos tecnócratas y elitistas.  

¿Y el elitismo?

Los más destacados antipopulistas mexicanos parecen añorar los regímenes políticos que beneficiaban casi en exclusividad a la clase política y a los más ricos, trivializando la situación de millones de mexicanos, casi como si odiaran a los pobres.

En Latinoamérica muchos gobiernos fortalecieron y perpetuaron la corrupción, la desigualdad y el entreguismo; y como reacción natural se concibieron importantes movimientos sociales demandando un cambio.

Y los movimientos que han triunfado contra esas tropelías son muchas veces encasillados como populistas.

¿Abanderar las exigencias sociales es populismo?

Trump y Bolsonaro, con sus discursos retrógradas y demagógicos, aprovecharon un momentum político, nada más.

A diferencia de otros actores en la región que transformaron el descontento social en un movimiento político sólido y organizado con una fuerte base social que respalde esas exigencias.

Un discurso contra la injusticia que padecen millones de personas de la que se benefician unos pocos no se puede enmarcar como populismo; recordemos las palabras de Barack Obama.

El rechazo a la tecnocracia y las “élites” no es más que el reflejo de las condiciones en las que se encuentra Latinoamérica, no es ninguna lucha entre el bien y el mal. 

La aversión generalizada que se tiene hacia grupos minoritarios que ostentan la mayor parte de la riqueza y el poder perpetuando la desigualdad, no es espontánea ni es un simple discurso electorero.

En México, el partido que abanderó las demandas populares olvidadas por la clase política que dominó por décadas ha sido señalado de polarizador, y, por tanto, de populista.

Una aseveración que no se puede desechar, pero que tampoco se puede adoptar a la ligera.

No se puede pasar por alto que tal vez han sido los anteriores gobiernos quienes realmente polarizaron a la población aumentando la brecha de desigualdad.

Una aseveración que no se puede desechar, pero que tampoco se puede adoptar a la ligera. No se puede pasar por alto que tal vez han sido los anteriores gobiernos quienes realmente polarizaron a la población aumentando la brecha de desigualdad.

El elitismo es una causa importante de polarización en los países latinoamericanos, no solo en México.

Algunos antipopulistas no lo ven así, para ellos, la antítesis del status quo es polarizadora y populista.

Usan tanto el término populismo que incluso caen en contradicciones o silencios convenientes con otros regímenes muy poco democráticos, sólo porque son de su agrado político.

Por eso es importante tener en claro qué es populismo y qué no lo es.

Reflexiones

Este texto no busca desestimar el trabajo de analistas e intelectuales expertos en política. Su crítica y contraparte, como parte de un proceso dialéctico, siempre son necesarias.

Este trabajo no busca convencer al lector sobre si un gobierno es populista o no, simplemente se ofrece una réplica a la ligereza con la que muchos analistas y figuras públicas usan el concepto.

Sí, el populismo innegablemente existe, pero hay que verlo como lo que es y no como lo que nos gustaría que fuera.

Las características del populismo no están escritas en piedra y definitivamente trascienden el espectro político.

El término se usa tan a la ligera, que muchas veces se cae en contradicciones.

Como se ha comentado, para muchos antipopulistas no está claro lo que significa el término “populismo”, tanto que algunos consideran la democracia participativa como un peligro para la democracia.

Un análisis refinado, con una aplicación levemente rigurosa del término populismo, no señalaría ni etiquetaría tan fácilmente a cualquier gobierno como populista. 

Ulises Cobos Palestina, Estudiante de Relaciones Internacionales por la Universidad del Valle de México.

Los puntos de vista y opiniones expresados ​​aquí son los del autor y no reflejan necesariamente la política o la posición de CEIM. Cualquier contenido proporcionado por nuestros bloggers o autores es de su opinión. El contenido de este sitio no constituye el respaldo de ninguna afiliación política y no refleja las opiniones de los miembros del personal y la dirección.

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diciembre 14, 2021

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